Sócrates le dijo a Fedro que la escritura estaba muerta. La palabra escrita tiene la actitud de la vida pero preserva un solemne silencio. Hazle una pregunta y da una respuesta invariable. No puede defenderse. Veinticuatro siglos después, una máquina escribe, responde y defiende sus propias palabras. La letra muerta adquirió una lengua. Sócrates no se habría sorprendido. Siempre decía que el verdadero peligro no era la tecnología, sino las personas que confundían la copia con el original.