Cuando un periodista le preguntó a David Bowie cuál consideraba su mayor logro, su respuesta fue breve y directa: "Casarme con mi esposa." "¿Pero como músico?" "Nada más importa." David Bowie e Iman se conocieron en 1990 y desarrollaron una relación marcada por la privacidad, la estabilidad y un profundo respeto mutuo. Se casaron en 1992, y a menudo destacan cómo su vínculo ancló a Bowie tras años de caos impulsado por la fama. Iman describió su vida como deliberadamente normal, centrada en la familia más que en la celebridad. Juntos, cultivaron una relación basada en el amor, el humor y el cuidado de su hija, y Bowie atribuía frecuentemente esa relación a la felicidad duradera y al equilibrio emocional que encontró más adelante en la vida.