El discurso sobre la antigua Grecia me recuerda lo breve que fue la altura. Uno podría haber nacido en el apogeo de Atenas, durante la época de Sófocles y Sócrates, haber vivido el auge y la caída de Esparta, haber visto a Platón y Aristóteles, y aún así estar vivo para ver las conquistas de Alejandro.