Ann y yo estamos tristes al enterarnos del fallecimiento de mi buen amigo Lou Holtz. Lou no solo fue un entrenador legendario, sino una persona extraordinaria. Organizó eventos conmigo, ayudó a nuestra oficina con iniciativas y dio grandes discursos motivacionales a mi equipo. Mis oraciones están con su familia y amigos en este momento. Que Dios los bendiga.