Me fascina este nivel de crisis existencial por la que parecen estar pasando los desarrolladores. La incómoda verdad es que nadie necesita que seas un programador artesano. A nadie le importa cómo programaste tu app, ni si sientes un apego emocional a tu oficio. Siempre fuiste un mono de código con un salario lo suficientemente alto como para creer que tu artesanía individualista importa a alguien. No le importa a nadie más que a ti. Ni tu empleador, ni tu cliente. A nadie le importa cómo hiciste el producto. A nadie le importa tu apego a tu proceso. Estás experimentando lo mismo que innumerables otros artesanos han experimentado en el último siglo. Me alegro por ti. Empezabas a creer que eres un semidiós entre los mortales. No lo estás. Una máquina es mejor que tú. Ahora eres libre.