El viaje del fundador es increíblemente solitario. Lo he vivido. Llevas el peso cuando nadie más puede. Pero la recompensa, cuando empieza a encajar (lo que te mantiene en marcha), resuena a través de tu equipo, tus clientes y tu comunidad. Eso es lo que lo hace valer la pena. Sigue adelante, fundadores.
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