La gloria de Occidente no radica en sus monumentos o máquinas, sino en sus hombres que se atrevieron a esforzarse, que consideraron la lucha como sagrada y que trataron la historia como un campo de pruebas. Nuestra grandeza nunca fue concedida. Fue tomada por aquellos que se negaron a arrodillarse. ¡Recuerda quién eres!