El debate sobre cuál ciudad es la mejor es un argumento de suma cero. Cada persona tiene un estilo, necesidades, expectativas, innegociables, obligaciones y prioridades diferentes. Esas diferencias son precisamente la razón por la que el lugar donde vive alguien y dónde quiere vivir nunca será igual para todos. Miami puede ser el paraíso para algunos y el infierno para otros. No hay necesidad de pelear por ello. Y está bien que alguien diga que no cree que le gustaría vivir ahí. Quizá no sea para ellos.